Atención: Concentración

Un día cualquiera, cualquiera de nosotros puede sentir el temor -infundado o no- de estar perdiendo capacidades cognitivas, cuando las personas nos preocupamos por nuestro estado mental suele deberse a que tenemos olvidos, a que notamos que no aprendemos como antes, a que no encontramos las palabras a la hora de hablar, incluso puede deberse a que nos hemos sentido desorientados en el espacio o incluso nos hemos perdido…

Todos estos son síntomas de una posible demencia, pero los profesionales que trabajamos con demencias sabemos que no todos los olvidos, las dificultades de aprendizaje, o de denominación (se llama así a la capacidad de encontrar la palabra adecuada para designas algo), ni siquiera la desorientación espacial o temporal tienen porqué ser indicios de una enfermedad que curse con deterioro cognitivo, además sabemos que son muy diferentes estos signos en las personas sin patología de las que sí la tienen.

En cualquier caso lo que nos suelen decir a los profesionales es: “tengo problemas de memoria”, en algún caso se alude al lenguaje: “no encuentro las palabras”, pero esto es menos frecuente y muchas veces está relacionado con la afasia progresiva primaria.

Sin embargo se presta poca atención a los problemas atencionales, valga la redundancia, y sin embargo desde etapas muy iniciales de una enfermedad neurodegenerativa se pueden apreciar éstos, por otra parte las personas que tienen mayor capacidad de concentración sufren de una manera más suave las consecuencias del deterioro.

Entiendo que ello se debe a que en la base de todos los procesos cognitivos está la atención.

Si empezamos por una definición sencilla y cotidiana de lo que sería la concentración podemos decir que es: estado de la persona que fija el pensamiento en algo, sin distraerse.

Esto es: puedo atender a algo en particular, y puedo mantenerme atento sobre ese algo, y puedo hacerlo aunque aparezcan distractores, y si me distraigo puedo “volver” a la tarea que estaba desempeñando, y puedo hacer esto durante largos períodos de tiempo.

Yo, como profesional, pienso que si tanto las personas “sanas” como las que tienen una patología, trabajamos en mejorar nuestra capacidad de concentración, estaremos poniendo en forma a nuestro cerebro, de modo que éste resistirá mejor al envejecimiento e incluso al deterioro.

Algunas de las estrategias que podemos utilizar – no hay porqué utilizarlas todas, hay que encontrar cuáles son las que mejor podríamos llevar a cabo –  para mejorar nuestra capacidad de concentración son:

  1. Aprender a atender a la respiración: llevar a cabo diariamente ejercicios que nos obliguen a atender a nuestra respiración aunque sea unos minutos al día.
  2. Aprender a atender a las diferentes partes de nuestro cuerpo y a las sensaciones que nos llegan a cada uno de los sentidos: con los ojos cerrados ir atendiendo a lo que escuchamos, olemos, sentimos táctil y propioceptivamente, incluso a sabores, y con los ojos abiertos atender – durante por ejemplo un minuto – a un objeto y solamente a ese objeto.
  3. Hacer ejercicios de relajación.
  4. Escuchar música prestando atención a los diferentes instrumentos.
  5. Llevar a cabo actividades de cálculo mental.

El ejercicio físico, una buena higiene del sueño y una dieta equilibrada también son claves para mantener en forma tu capacidad de atención- concentración.

Graciela Otero Fernández

Neuropsicóloga

Número de colegiado: M-27621